Así suena… la escalada

El deporte a través de sus sonidos

Un deporte a través de sus sonidos. Paso a paso, concepto a concepto. Así es como queremos introducirnos en la escalada: conociéndola a través de cada crujido, ruido, golpe o chirrido que caracteriza todo aquello que la define. A través de su sonoridad daremos forma al hecho de subir o trepar por una pendiente a gran altura, agarrarse a la roca o charlar sobre una vía.

Nos encontramos para disfrutar de una tarde de escalada deportiva junto a un grupo de amigos en un sector equipado, el del Esquellot, cerca de la Font Negra, en Berga. Grabadora en mano y la cámara a punto. ¿Listo para escuchar atentamente?

Caminar por el sector, identificar la vía y organizar el material

Una vez llegamos al sector, es momento de identificar la vía que queremos hacer. Es importante saber de qué grado es cada una para evitar escalar una demasiado difícil. Por eso, es importante consultar reseñas o ir con alguien que conozca la zona. ¡Nosotros hemos hecho ambas cosas! Las reseñas se pueden encontrar online pero, también, en papel, en libros precisos y detallados de equipadores que comparten su conocimiento tras gastar tiempo y dinero equipando. Comprarlos es una manera de apoyar también al colectivo de escaladores. Por otra parte, antes de empezar a escalar es importante preparar todo aquello que usaremos: los pies de gato, la cuerda, el arnés, el asegurador, las cintas exprés, los mosquetones, el casco, el cabo de anclaje y la bolsa de magnesio. ¡Estamos listos!

Ponerse el casco, el arnés y desplegar la cuerda

Cómodo, ligero, ventilado… Hay cascos específicos de escalada y protegen tanto de caídas como de posibles golpes contra la pared y, sobre todo, de esas posibles piedras que pueden caer. Es tan importante que lo lleve el que escala como el que está abajo, ya que aquel que escala puede provocar el desprendimiento de piedras. El arnés es indispensable para la seguridad y, además, nos permite cargar el resto de material. También, sacamos la cuerda de la funda y la desplegamos. ¡Hecho!

Equipar el arnés

Cogemos las cintas, los mosquetones y todo aquello que necesitaremos para subir y lo ponemos en nuestro arnés. Aquí cada maestrillo tiene su librillo: hay el que le gusta colocar las cintas de más cortas a más largas; con el gatillo mirando para adentro o para fuera… Ordenar el material en el arnés es un ritual muy personal. Y en este tipo de actividad, seguir un orden y hacerlo siempre de la misma manera, también contribuye a aumentar la seguridad: si siempre lo haces de forma diferente, tienes más números de olvidarte de alguna cosa o equivocarte, nos explican. También, nuestros compañeros de escalada, vienen leídos de casa. Consultar libros de reseñas sobre cada vía es fundamental para saber cuantas cintas coger cuando equipamos el arnés, ya que normalmente indican el número de seguros que encontraremos en la vía.

El nudo del ocho

¿Te suena? ¡Seguro que sí! El ocho es el nudo más popular a la hora de atarse a una cuerda para escalar y subir asegurado. Tras escuchar atentamente y ver cómo se hace, nos ayudan a hacer el nuestro. ¡Lo tenemos!

Los pies de gato

De entrada son un poco incómodos pero ya sabéis que es importante que queden bien apretados. Ayuda a ganar sensibilidad, notar la roca, y agarrarse bien. ¡Estamos listos!

El grigri

Llega el momento de pasar la cuerda por el grigri©: lo abrimos, la colocamos y lo cerramos de nuevo. Después, lo unimos al mosquetón y nos lo ponemos. Será la técnica de aseguramiento que utilizaremos. El compañerismo es el valor por excelencia en la escalada. Los compañeros de cordada velan por la seguridad uno del otro, se escuchan, se comprenden, son un equipo. Y este equipo verifica, siempre antes de escalar, que todo esté bien montado. El asegurador repasa que el escalador esté bien encordado y se haya hecho bien el nudo. El escalador, comprueba que la cuerda esté bien puesta en el objeto asegurador, en este caso, el grigri©. Lo dicho, ¡es un trabajo de equipo!

Escalar

Llega el momento: tenemos la vía delante, es la 21, una 6B, que responde al nombre de Morro y que hemos estudiado a fondo antes en esta reseña de Berguedà Vertical. Empezamos a subir por la pared, nos recuerdan que es importante saber analizar la roca, leerla, ir un paso por delante y entender cuándo vendrán los pasos difíciles para intuir donde descansar y cuándo esforzarse al máximo. Escuchamos las indicaciones, las seguimos, resoplamos, paramos, nos manchamos las manos con magnesio… Es una vía de continuidad y de placa. Empieza con tres pasos muy finos hasta llegar a una repisa. Allí podemos descansar y analizar lo que sigue. Seguimos por una fisura en diagonal hacia la derecha, con pasos técnico-posturales, hasta ponernos de pie en la repisa que comparte con la vía de más a la derecha. Ahora, nos dirigimos a la izquierda, con buenas manos pero no evidentes. Delante de la placa más larga, y hasta la reunión, la exigencia continúa pero con cantos agradables que sirven como manos decentes. Tocamos la cadena de la reunión. Lo hemos conseguido. ¡Un 6B bastante limpio!

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